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Epifanías de López Obrador

La mañana del jueves el presidente Andrés Manuel López Obrador asumió una postura de buen tono republicano —no queremos decir que esto se inusual, pero tampoco es demasiado frecuente— sobre un tema de actualidad y por demás determinante para el futuro de la división de poderes que prescribe para la república nuestra carta fundamental.

Admitió el mandatario, sin titubeos ni mayores justificantes, que la terna de aspirantes a suplir al exministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, que renunció al más alto cargo, además de la presidencia de la república, al que pueda acceder un abogado: ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para arrejuntarse a la candidata oficialista y favorita en las mediciones de opinión Claudia Sheinbaum Pardo, con el mundano fin de tener chamba por lo menos durante los siguientes seis años, rechazada por la cámara alta, estaba integrada por mujeres muy cercanas, incluso empleadas de la Cuarta Transformación.

Bertha María Alcalde Liján, reconocida jurista y hermana de la joven secretaria de Gobernación Luisa María, obtuvo, en la votación definitiva, obtuvo 68 votos; María Estela Ríos González, profesora y abogada que se desempeña como asesora jurídica del Poder Ejecutivo, logró tres sufragios, y Lelia Batres Guadarrama, consejera adjunta de la misma institución, solo fue apoyada por dos integrantes del senado. Los votos en contra de toda la terna fueron 40, con lo que la causa de las aspirantes no logró, en ningún caso, mayoría calificada.

Tal vez la actitud nada beligerante del usualmente rijoso presidente López se haya debido a que antier la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación confirmó que el interfecto violó la Constitución en su conferencia matutina del 19 de abril, cuando pidió votar por los candidatos de su “movimiento” para tener mayoría en el Congreso de la Unión, lo cual, hemos opinado en este espacio, aunque se determinó que fue en contra de las leyes vigentes, es algo que en la mayoría las democracias modernas se permite sin que nadie frunza el entrecejo, mientras que nosotros, por marrulleros y tramposos en los procesos electorales de antaño, nos hemos tenido que dar leyes en extremo pudibundas y restrictivas.

Podría ser exagerado calificar de Epifanías a estas llamaradas democráticas de López, pero casi: el presidente mexicano muestra una fuerte tendencia a imponer su voluntad a toda costa, así sea violentando la normatividad vigente, por lo que resulta un poco sorprendente su docilidad para aceptar el resultado de la votación en Paseo de la Reforma 135, aunque alguno suspicaces barruntan que la verdadera terna es la nueva, por lo menos con un integrante, que el presidente podrá imponer a fin de cuentas, según el artículo 96 de la Constitución General, que dice ad literam en sus primeros dos párrafos:

Artículo 96. Para nombrar a los Ministros de la Suprema Corte de Justicia, el Presidente de la República someterá una terna a consideración del Senado, el cual, previa comparecencia de las personas propuestas, designará al Ministro que deba cubrir la vacante. La designación se hará por el voto de las dos terceras partes de los miembros del Senado presentes, dentro del improrrogable plazo de treinta días. Si el Senado no resolviere dentro de dicho plazo, ocupará el cargo de Ministro la persona que, dentro de dicha terna, designe el Presidente de la República.

En caso de que la Cámara de Senadores rechace la totalidad de la terna propuesta, el Presidente de la República someterá una nueva, en los términos del párrafo anterior. Si esta segunda terna fuera rechazada, ocupará el cargo la persona que dentro de dicha terna, designe el Presidente de la República.

La falaz duda es si la presentación de las ternas esté siendo una estratagema, un simulación innecesaria del presidente para que, apegado a la ley, sea él quien imponga a fin de cuentas a la nueva ministra —que será mujer, sea como fuere, es seguro— sea designada por él, como siempre ha sido. Así está escrito en la Carta Magna, por lo que la aparente tolerancia de López no sería tal, sino la seguridad de predominio presidencialista que le otorga la Constitución. No hay epifanía.

Así que, si los opositores al Morena y mascotas ven por ahí en la nueva terna a una letrada que les inspire un poco de confianza y que parezca no estar de plano domesticada por el presidente, acéptenla sin dudar, pues si se le pega la gana a López, con la ley en la mano, podría designar a la abogada más leal a la Cuarta Transformación y a su persona, sin que ningún berrinche parlamentario pueda evitarlo.

Dice la conseja que más vale malo por conocido…

GRILLOGRAMA

Parlamentarios de adorno…

Ya no requieren consejos

Y de eso quedan registros

Para nominar ministros

Solo hay que hacerse pend…

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