La ausencia de conexiones domiciliarias a la red de alcantarillado en Cancún, Playa del Carmen y Tulum continúa siendo uno de los principales factores de contaminación en la zona norte de Quintana Roo, de acuerdo con el ambientalista Alejandro López Tamayo, director de la organización Centinelas del Agua.
El especialista advirtió que el problema no ha mostrado una mejora visible pese a la actualización de la norma mexicana NOM-001-SEMARNAT-2021, que endureció los límites para el tratamiento de aguas residuales en la península de Yucatán. En su evaluación, el marco regulatorio ha avanzado, pero la infraestructura y su operación siguen rezagadas.
Casas sin conexión y aguas residuales al subsuelo
Según López Tamayo, el punto crítico sigue siendo que muchas viviendas todavía no están conectadas al sistema de drenaje. Esa situación obliga a numerosas familias a depender de fosas sépticas o, en algunos casos, a descargar las aguas residuales directamente al subsuelo, con el riesgo de afectar los acuíferos que sostienen a la región.
El especialista recordó que en los primeros desarrollos de estas ciudades turísticas hubo zonas construidas sin infraestructura sanitaria. Aunque con el tiempo se instalaron redes de drenaje, no todos los hogares quedaron incorporados, lo que mantiene abierto el problema ambiental.
Presión adicional del sector hotelero
A la carga doméstica se suma el consumo del sector hotelero, señalado como uno de los principales usuarios de agua en el estado. De acuerdo con la regulación vigente, los hoteles deberán modernizar sus plantas de tratamiento para reducir contaminantes antes de 2027. Sin embargo, el sector habría solicitado una prórroga hasta 2030 para cumplir con ese objetivo.
El directivo de Centinelas del Agua sostuvo que, mientras no exista cobertura total de drenaje y las plantas de tratamiento operen correctamente, la contaminación seguirá afectando cenotes, aguas subterráneas y zonas costeras de Quintana Roo.
La advertencia cobra relevancia en un territorio donde el agua circula principalmente a través de un sistema kárstico altamente vulnerable. En ese contexto, cualquier descarga insuficientemente tratada puede extender sus efectos más allá del punto de origen y comprometer tanto ecosistemas como la calidad del agua utilizada por la población.
El llamado de López Tamayo pone el foco en una tarea de largo plazo: cerrar la brecha de infraestructura sanitaria en las ciudades turísticas y asegurar que las plantas de tratamiento funcionen conforme a la normativa. Sin esos dos elementos, señaló, el deterioro ambiental en la región difícilmente se revertirá.
Conclusión
La advertencia de los ambientalistas resume un problema estructural: sin cobertura total de drenaje y sin plantas de tratamiento que operen de forma adecuada, la presión sobre cenotes, acuíferos y playas de Quintana Roo seguirá aumentando.

