La contaminación en algunos cenotes de Tulum ya estaría afectando el trabajo de exploración en las cuevas subterráneas que pasan bajo la zona urbana, de acuerdo con un instructor de buceo con experiencia en la región. La advertencia pone el foco sobre un sistema subterráneo que no solo es clave para el turismo de aventura, sino también para el abastecimiento de agua y el patrimonio arqueológico del Caribe mexicano.
José Urbina, conocido en círculos locales como Pepe Tiburón y vinculado a los colectivos Cenotes Urbanos y Sélvame MX, dijo que en ciertas áreas el nivel de contaminación es tal que entrar a las cavernas puede provocar malestar físico en los buzos. Su señalamiento se refiere a inmersiones técnicas dentro de la zona urbana, no a los cenotes de uso recreativo más comunes para visitantes.
Hasta el momento, no se conocía una respuesta pública de autoridades estatales o municipales de agua ante estas declaraciones. Tampoco se detallaron cuáles cenotes serían los más comprometidos ni se presentaron resultados de análisis de calidad del agua en el relato difundido por el medio local que recogió sus dichos.
Un subsuelo estratégico para la península
Debajo de Tulum se encuentran dos de los sistemas inundados más extensos de la península: Ox Bel Ha, al sur, y Sac Actun, al norte. Este último fue certificado por Guinness World Records en 2018 con una longitud aproximada de 372 kilómetros después de conectarse con el sistema Dos Ojos. Ox Bel Ha supera los 500 kilómetros de pasajes mapeados, según recuentos recientes citados por la fuente.
La ubicación de Tulum entre ambos sistemas alimenta desde hace años la hipótesis de que están conectados. Para algunos buzos, encontrar ese posible enlace forma parte de las tareas de exploración pendientes. Sin embargo, la contaminación y la dificultad para avanzar en ciertas galerías estarían frenando ese trabajo.
Patrimonio arqueológico y paleontológico en riesgo
El problema no se limita a la exploración espeleológica. Urbina también advirtió que la contaminación complica la documentación de vestigios mayas, restos humanos antiguos y fósiles de fauna prehistórica preservados en las cavernas. La región es reconocida por hallazgos de gran valor científico, incluidos altares, objetos rituales, restos de megafauna y el esqueleto de Naia, una adolescente cuyos restos fueron recuperados en el sistema Hoyo Negro y fechados en unos 13.000 años.
De acuerdo con el material consultado, el conjunto subterráneo de Sac Actun ha sido descrito por especialistas como uno de los sitios sumergidos más relevantes del mundo por la cantidad y antigüedad de sus hallazgos.
La expansión urbana y el saneamiento, en el centro del problema
La advertencia se cruza con otro dato: el crecimiento urbano de Tulum y la infraestructura insuficiente para tratar aguas residuales. El suelo calizo de la península es altamente poroso, por lo que el agua superficial puede infiltrarse con rapidez hasta el acuífero, llevando contaminantes en el camino.
Una organización civil que monitorea agua en Quintana Roo reportó que en varias zonas de Tulum, Playa del Carmen y Bacalar más del 60% de las viviendas no estarían conectadas al drenaje sanitario. Además, estudios citados en la nota señalan contaminación fecal en la zona de captación de agua de Tulum desde hace más de una década.
En ese contexto, Urbina pidió frenar nuevas expansiones urbanas hacia Muyil y Chemuyil hasta que exista capacidad suficiente de saneamiento. Su planteamiento es preventivo: evitar que la presión sobre el acuífero se repita en otras áreas del municipio.
Promoción turística mientras crecen las alertas
El aviso llega al mismo tiempo que Quintana Roo impulsa una guía para promocionar el buceo en cuevas y cavernas en el Caribe mexicano. La publicación busca ordenar la actividad, destacar la preparación y la seguridad, y privilegiar a operadores acreditados. La propia guía subraya el valor geológico, arqueológico y paleontológico de estos sistemas, aunque no aborda el tema de la calidad del agua.
Para Urbina, esa iniciativa puede ser útil si también fija criterios claros de certificación, experiencia y protocolos de seguridad. Aun así, insiste en que el debate de fondo no es cerrar los cenotes, sino definir bajo qué condiciones se puede entrar sin poner en riesgo a las personas ni al ecosistema subterráneo.
La discusión, en última instancia, resume una tensión cada vez más visible en Tulum: el mismo subsuelo que atrae turismo, investigación y exploración es también la base del agua potable y un archivo natural de miles de años. Sin monitoreo público suficiente, advierten los buzos, el daño podría seguir avanzando fuera de la vista.

