Tulum llega al cierre del verano de 2026 con señales claras de enfriamiento turístico, aunque no de una caída general en México. Mientras el país registró entre enero y junio su mejor semestre histórico en llegadas internacionales, el aeropuerto de Felipe Carrillo Puerto perdió pasajeros, se redujeron rutas y el destino comenzó a ajustar precios, ocupación y oferta.
La pregunta de fondo no es solo cuántos visitantes recibe Tulum, sino qué tipo de mercado logró construir en los últimos años. Las cifras más recientes sugieren una corrección tras un periodo de expansión acelerada, con tarifas altas, más oferta inmobiliaria y una presión creciente sobre servicios, movilidad y costos operativos.
Menos vuelos y menor tráfico aéreo
De acuerdo con los datos citados por el sector aeronáutico, el aeropuerto cerró 2025 con 1,244,661 pasajeros, un aumento marginal frente al año previo. Pero el arranque de 2026 cambió el panorama: entre enero y abril se contabilizaron 366,000 pasajeros y el tráfico internacional del primer trimestre cayó 34%, mientras el doméstico retrocedió 25%.
La reducción también se reflejó en la conectividad. En 2024 el aeropuerto llegó a reportar doce destinos internacionales; para mayo de 2026 quedaban cuatro, todos en Estados Unidos. Algunas aerolíneas, entre ellas Avianca, Copa Airlines, JetBlue y Volaris Costa Rica, suspendieron operaciones, y la oferta de asientos en mayo estuvo cerca de 60% por debajo de la del mismo mes de 2025.
Autoridades estatales sostienen que se trata de una variación coyuntural. Bernardo Cueto Riestra, secretario de Turismo de Quintana Roo, ha dicho que no observa una tendencia estructural, sino ajustes propios del mercado y de la consolidación de rutas por parte de las aerolíneas.
Tarifas altas, ocupación más débil
El ajuste no solo se ve en el aire. En alojamiento, Tulum mantuvo durante años una imagen de destino premium, pero ahora enfrenta un mercado más sensible al precio. Reportes citados en las fuentes ubican la tarifa promedio en Airbnb en 185 dólares por noche, por encima de Playa del Carmen y Cancún.
Al mismo tiempo, la ocupación hotelera mostró retrocesos. Para finales de septiembre de 2025, Tulum operaba con 49.2% de ocupación, por debajo de Cancún. Entre mayo y julio de este año, el nivel cayó alrededor de 20% frente al mismo periodo de 2025. En la zona costera, algunos hoteles rozaron 15% de ocupación, según la Asociación de Hoteles.
El impacto ya alcanzó a restaurantes y comercios. Empresarios del sector reportaron caídas importantes en ventas y la autoridad municipal de fiscalización identificó decenas de negocios que cerraron de manera permanente en pocos meses.
Sargazo, vivienda y presión sobre la vida local
A la debilidad del turismo se suman problemas de operación y de entorno. Quintana Roo acumuló más de 105,000 toneladas de sargazo en 2026, un récord estatal. En Tulum, el retiro del alga obligó a reforzar el trabajo manual y elevó los costos para hoteles y autoridades, especialmente en zonas donde el uso de maquinaria está restringido.
En paralelo, el mercado inmobiliario también perdió tracción. Hay más de 565 desarrollos de condominios y más de 11,000 unidades en renta de corta estancia, frente a unas 12,000 habitaciones hoteleras. Los precios y la ocupación en ese segmento bajaron, mientras especialistas del sector describen ventas estancadas y una creciente oferta de reventa.
Ese ajuste económico también golpea a los residentes. Con salarios promedio estatales de 9,200 pesos al mes y rentas que pueden llegar a 15,000 pesos en Tulum, el costo de vivir en el destino sigue empujando a trabajadores a mudarse a comunidades cercanas y viajar diariamente.
Lo que se juega en la temporada de invierno
La próxima temporada alta será la prueba más visible para medir si la caída actual es temporal o el síntoma de un cambio más profundo. Para el invierno 2026-2027, el gobierno estatal anunció 13 destinos conectados por 10 aerolíneas desde el aeropuerto de Tulum, con rutas desde Canadá, Estados Unidos y ciudades mexicanas.
Sin embargo, la conectividad no resolverá por sí sola los problemas de fondo. Los costos de transporte, la distancia entre el aeropuerto y la zona hotelera, la presión sobre la vivienda, la falta de promoción nacional y las limitaciones de infraestructura siguen pesando en la experiencia del visitante y en la permanencia del personal que sostiene la actividad turística.
En ese contexto, los próximos meses dirán si Tulum logra recomponer su propuesta de valor o si continúa ajustándose a un mercado que ya no está dispuesto a pagar lo mismo por una experiencia que se volvió más cara y menos predecible.
Conclusión
Tulum enfrenta un ajuste que combina conectividad reducida, presión de precios y problemas operativos. La recuperación dependerá de si logra mejorar la experiencia real del visitante y aliviar las tensiones que hoy afectan tanto al turismo como a la vida local.

