El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y el grupo de buceo de cuevas CINDAQ formalizaron un acuerdo de colaboración que da sustento institucional a más de dos décadas de trabajo en cavernas inundadas y cenotes de Quintana Roo. La firma, anunciada el 17 de agosto, busca ordenar y fortalecer labores de exploración, registro, conservación y difusión vinculadas con el patrimonio arqueológico subacuático.
El convenio fue suscrito por la Subdirección de Arqueología Subacuática del INAH e integra tareas como la exploración de cuevas y cenotes, la documentación arqueológica, la conservación de materiales recuperados, el intercambio de información y acciones de educación pública. En términos prácticos, el acuerdo reconoce una relación de trabajo que ya era clave para acceder a espacios donde el instituto no cuenta con un equipo propio de buceo en cuevas.
Una geografía que explica el hallazgo arqueológico
Quintana Roo está asentado sobre una plataforma de piedra caliza sin ríos superficiales. Por eso, el agua de lluvia se filtra y forma sistemas subterráneos que se extienden por cientos de kilómetros. En esa red de galerías, hoy inundadas, quedaron preservadas evidencias de ocupación humana cuando esos espacios aún eran tierra firme, al final de la última glaciación.
De acuerdo con la información difundida, dos de los sistemas más extensos del mundo, Ox Bel Ha y Sac Actun, se encuentran en la zona de Tulum. Su complejidad hace indispensable el trabajo técnico de especialistas capaces de entrar, mapear y documentar estos entornos sin alterar su contenido.
El papel de los buzos en la investigación
La investigadora Silvina Vigliani, responsable del proyecto Prehistoria de la península de Yucatán a través de sus evidencias en cuevas y cenotes, destacó que CINDAQ ha sido fundamental para acceder a zonas que de otro modo permanecerían ocultas. Según la información disponible, el grupo aporta experiencia en buceo de cuevas, logística de expediciones, topografía, fotogrametría, fotografía y manejo de datos digitales.
CINDAQ afirma haber realizado más de 15 mil inmersiones en ríos subterráneos de la entidad y sumar más de 70 años de experiencia conjunta. Además, cuenta con acreditación como organización no gubernamental bajo la Convención UNESCO de 2001 para la protección del patrimonio cultural subacuático y con reconocimiento de la Nautical Archaeology Society del Reino Unido.
El acuerdo también resulta relevante por el marco legal: los bienes arqueológicos localizados en estas cuevas son propiedad federal, y sólo el INAH puede autorizar trabajos sobre ellos. En ese sentido, la formalización da respaldo a una colaboración que ya operaba en la práctica.
Hoyo Negro y otros proyectos de referencia
Entre los casos más conocidos está Hoyo Negro, proyecto que desde 2011 estudia un cenote de profundo valor científico cerca de Tulum. Ahí se han localizado restos de fauna pleistocénica y vestigios humanos, entre ellos Naia, una adolescente cuyo esqueleto es considerado uno de los más antiguos y completos hallados en América. Las estimaciones sobre su antigüedad se sitúan en torno a 12 mil o 13 mil años.
En 2023, la Unesco reconoció el proyecto con una distinción de buenas prácticas por su enfoque de estudio y protección. También se mencionó el hallazgo de una antigua mina de ocre en el sistema Sagitario, identificada tras trabajos de mapeo en 2017 y fechada entre 10 mil y 12 mil años, según un estudio publicado en 2020. Ese descubrimiento amplió la interpretación de estas cavernas: no sólo fueron refugio o sitios de tránsito, sino también espacios de trabajo humano.
El nuevo convenio también puede beneficiar iniciativas como el Atlas Arqueológico Subacuático de Cenotes, Cuevas Inundadas y Semiinundadas y Otros Cuerpos de Agua Continentales de la República Mexicana, así como proyectos de registro en sitios como Chichén Itzá y Ek’ Balam. Por ahora, las autoridades no detallaron qué áreas serán atendidas primero ni la duración del acuerdo.
La colaboración, sin embargo, refuerza una idea central: en Quintana Roo, buena parte del pasado prehispánico permanece bajo el agua y su estudio depende de una alianza estrecha entre instituciones, especialistas y equipos de buceo con capacidad para entrar y salir de esos laberintos subterráneos.
Conclusión
La firma del convenio da mayor respaldo institucional a una labor científica esencial para documentar y proteger uno de los patrimonios subacuáticos más relevantes del país.

