El aeropuerto de Tulum enfrenta un nuevo golpe en su corta operación comercial: Volaris confirmó que suspenderá todos sus vuelos hacia esa terminal a partir del 7 de enero, mientras que Aeroméxico ya había dejado de operar ahí desde el 30 de septiembre. La salida de ambas aerolíneas coincide con una caída pronunciada en el tráfico aéreo y reaviva dudas sobre la viabilidad del proyecto en el mediano plazo.
De acuerdo con datos de la Agencia Federal de Aviación Civil, entre enero y junio el aeropuerto movilizó 471,500 pasajeros, una baja de 33.2% frente a los 705,400 del mismo periodo del año anterior. El retroceso fue todavía más severo en el segmento internacional, que descendió 40.8% hasta 247,100 viajeros.
Volaris atribuye su decisión a la rentabilidad
La aerolínea explicó que la suspensión es temporal y responde a una revisión de la rentabilidad de sus rutas. En su aviso, señaló varios factores de costo: la tarifa de uso de aeropuerto, conocida como TUA, el precio del combustible, los cargos de navegación aérea de SENEAM y el aumento previsto de la cuota para no residentes en 2027.
La compañía indicó además que dejará de vender boletos más allá del 7 de enero este fin de semana. Quienes ya tengan reservaciones posteriores a esa fecha podrán reprogramar su viaje, recibir un vale electrónico o solicitar un reembolso.
Aeroméxico, por su parte, informó el 27 de septiembre que su último vuelo sería el 30 de ese mes. La empresa describió la decisión como una respuesta a las condiciones del mercado y una forma de optimizar su red de rutas, sin anunciar una fecha de regreso. La operación había comenzado el 1 de diciembre de 2023 con 14 frecuencias semanales desde la Ciudad de México; para mayo de este año se había reducido a cuatro vuelos semanales, todos desde Felipe Ángeles.
Un aeropuerto por debajo de su capacidad
El terminal de Tulum fue concebido para atender 5.5 millones de pasajeros al año, pero cerró 2025 con 1,248,645, es decir, cerca de una cuarta parte de su capacidad máxima. En enero recibió 107,751 pasajeros y en junio apenas 47,353, una señal del deterioro de la demanda durante el primer semestre.
La caída no se limita al aeropuerto. También pesó la reducción de visitantes a la zona arqueológica, que en el primer trimestre bajó alrededor de 33.1%, y la persistencia del sargazo, un problema que ha afectado la actividad turística en la costa. En junio, según reportes citados en las fuentes, varios hoteles de Tulum operaban con ocupaciones de entre 15% y 20%.
El contexto de GAFSACOMM y las finanzas públicas
La terminal forma parte de GAFSACOMM, el grupo empresarial de las Fuerzas Armadas que también administra hoteles, parques, terminales de combustible y Mexicana de Aviación. Ese conglomerado ha acumulado pérdidas en varias de sus unidades. Mexicana reportó una pérdida operativa de 941 millones de pesos en 2025, mientras que Tren Maya registró una pérdida operativa de 3,649 millones ese mismo año, además de un saldo negativo adicional en la primera mitad de 2026.
En ese panorama, el aeropuerto de Tulum se mantiene con una operación más limitada. Después de la salida de Aeroméxico y la suspensión anunciada por Volaris, la programación doméstica quedará en manos de Mexicana de Aviación y Viva Aerobus, dos nombres que reflejan tanto la apuesta pública como la dependencia de la demanda real del destino.
El escenario inmediato luce complicado: la primera alta temporada sin Aeroméxico comenzará en diciembre, mientras el aeropuerto sigue sin alcanzar el volumen de pasajeros previsto para sostener su capacidad instalada. El reto, por ahora, no solo es atraer nuevas rutas, sino demostrar que la demanda puede crecer lo suficiente para mantenerlas.
Lo que sigue
La suspensión de Volaris, la salida previa de Aeroméxico y la caída sostenida en pasajeros colocan a Tulum ante una pregunta central: si el problema es de gestión, de costos o de mercado. Por ahora, los datos muestran una combinación de los tres factores.
Conclusión
La salida de dos aerolíneas nacionales en poco tiempo confirma que Tulum enfrenta más que un tropiezo pasajero. Entre costos altos, baja ocupación y una demanda menor a la esperada, el aeropuerto se encamina a una prueba decisiva para su modelo de operación.

