En Tulum, la caída de los precios de renta ya es visible en zonas donde hace apenas unos meses los anuncios se movían con rapidez. En Villas de Tulum, una de las áreas más conectadas con la avenida principal y con la vía hacia la zona hotelera, viviendas que antes se ofrecían hasta en 16,000 pesos al mes ahora aparecen entre 7,000 y 9,000 pesos, según testimonios recabados por medios locales y portales inmobiliarios.
Sin embargo, la baja no resuelve el problema de fondo: para muchos trabajadores, vendedores y familias que dependen de la actividad turística, esos montos siguen siendo altos frente a sus ingresos. En la práctica, el ajuste parece responder más a un enfriamiento del mercado que a una mejora real en el acceso a la vivienda.
Un mercado presionado por la caída en la demanda
La desaceleración inmobiliaria en Tulum está vinculada con el menor dinamismo turístico y con un exceso de oferta. Durante años, desarrolladores impulsaron proyectos pensados para estadías cortas, inversión especulativa y compradores de vacaciones. El resultado es un municipio con más viviendas que personas dispuestas a ocuparlas en las condiciones de precio actuales.
De acuerdo con datos citados por prensa especializada, las ventas de vivienda pasaron de 3,487 unidades en 2023 a 1,711 en 2025, una baja de 50.9%. La contracción ocurre después de una etapa de expansión asociada a obras como el Tren Maya y el Aeropuerto Internacional de Felipe Carrillo Puerto, expectativas que no se tradujeron en la demanda prevista.
Viviendas vacías y rentas fuera del alcance local
En el entorno de Villas de Tulum, algunos anuncios muestran unidades amuebladas con servicios y estacionamiento a precios que aún resultan difíciles de pagar para quienes viven de trabajos informales o de temporada. En un caso citado por la prensa, una casa de dos recámaras bajó a 7,000 pesos mensuales; en otro, un departamento equipado se ofrece en 9,000 pesos después de haber llegado a 15,000.
La imagen contrasta con la realidad de trabajadores como Seferina, quien vende alimentos en el parque central y renta una habitación para vivir con sus tres hijos. Ella señaló que el problema no es solo la renta, sino la falta de actividad: hay menos visitantes, menos ventas y menos ingresos. A eso se suma que debe cubrir pagos adicionales al municipio.
Otro residente, Lauro Méndez Rodríguez, quien lleva más de una década en Tulum, describió la temporada actual como una de las más duras que ha visto. El cierre de negocios, la baja ocupación y la disminución del flujo de personas han afectado también a quienes dependen de servicios básicos o de empleos ligados al turismo.
Más allá del mercado inmobiliario
Especialistas consultados por medios nacionales han señalado que gran parte de la oferta habitacional en Tulum fue diseñada para turismo, renta de corta estancia o inversión. Eso explica por qué una reducción en precios no se traduce automáticamente en vivienda accesible: el tipo de inmueble, las condiciones de financiamiento y el objetivo comercial siguen marcando quién puede habitarlo.
En paralelo, el municipio enfrenta desafíos de planeación urbana. Aunque el gobierno federal impulsa un proyecto de 2,500 viviendas para familias de bajos ingresos e integrantes de comunidades indígenas, Tulum sigue sin un ordenamiento urbano vigente, luego de que se aprobara y más tarde se cancelara un programa municipal que buscaba reducir costos habitacionales.
Por ahora, la caída de las rentas refleja un ajuste del mercado, no una solución para quienes sostienen la economía local. En Tulum, el descenso de precios no necesariamente significa que vivir sea más fácil.

