La captación de niñas, niños y adolescentes por parte del crimen organizado no siempre comienza con amenazas ni con violencia visible. De acuerdo con la académica Marisol Ochoa Elizondo, directora del Departamento de Historia de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, el primer contacto puede presentarse como una amistad, una recomendación de alguien cercano o incluso una oferta de trabajo aparentemente legítima.
La especialista advierte que este tipo de aproximaciones suele dificultar que familias y personas cuidadoras detecten el riesgo a tiempo. En muchos casos, el acercamiento ocurre a través de personas del entorno inmediato del menor o mediante contactos en plataformas digitales, donde las propuestas pueden parecer cotidianas y no una estrategia para incorporarlo a actividades ilícitas.
Cómo se construye la confianza
Según Ochoa Elizondo, los grupos criminales no siempre se presentan desde el inicio como tales. Primero pueden ofrecer dinero, protección o reconocimiento con el objetivo de generar confianza y abrir la puerta a una relación más estrecha. Esa mecánica puede aparecer en espacios comunes de convivencia, como escuelas, plazas comerciales o grupos de amistades.
La académica señaló que en algunos casos un adolescente actúa como intermediario para acercar a otros jóvenes a personas vinculadas con actividades delictivas. Ese mecanismo hace todavía más difícil para las familias advertir lo que ocurre, porque el vínculo inicial no necesariamente parece sospechoso.
El papel de internet y las ofertas laborales
Las redes sociales y otros entornos digitales amplían las posibilidades de captación. Entre los recursos mencionados por la especialista están los anuncios de empleo, los mensajes privados y las promesas de ingresos atractivos. También advirtió que algunas estrategias recurren al grooming, una forma de manipulación emocional que busca construir confianza para aprovechar necesidades, expectativas o vulnerabilidades de los adolescentes.
Este tipo de prácticas resulta especialmente preocupante porque puede disfrazarse de oportunidad. Para una persona joven, una propuesta con dinero rápido o aparentes beneficios puede parecer una salida viable, aunque detrás exista una intención de reclutarla para actividades ilegales.
Un problema que va más allá de la decisión individual
Ochoa Elizondo también subrayó que algunos adolescentes saben que ciertas actividades son ilegales y aun así pueden verlas como atractivas por las ganancias o ventajas que prometen. Sin embargo, advirtió que esa lectura no debe hacerse de manera aislada.
La edad, la exposición previa a la violencia, el contexto social y la falta de alternativas influyen en estas decisiones y aumentan la vulnerabilidad. Por ello, reducir el fenómeno a una simple elección individual deja fuera las condiciones que facilitan el reclutamiento.
La especialista indicó además que la captación puede implicar el traslado de menores a otras regiones, con riesgos de desplazamiento o desaparición. Separarlos de su entorno habitual complica que sus familias conozcan su paradero o identifiquen a tiempo la situación de peligro.
Frente a este panorama, el señalamiento de la IBERO pone el foco en una modalidad de reclutamiento que puede ocultarse detrás de relaciones cotidianas. Identificar contactos sospechosos, poner atención a ofertas que prometen beneficios inusuales y mantener comunicación constante con adolescentes son medidas clave para detectar alertas antes de que el riesgo escale.
Conclusión
La captación de menores por el crimen organizado puede iniciarse de forma silenciosa y disfrazada de oportunidad. Reconocer señales tempranas, fortalecer la comunicación familiar y atender el contexto de vulnerabilidad son pasos esenciales para reducir el riesgo.

